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Palabras pronunciadas en el acto de Graduación X Promoción de Bachilleres en Ciencias “Mons. Jesús Manuel Jáuregui” del Instituto de Educación Integral “Simón Bolívar” – Araure
Araure 30 de Julio de 1999
Señora Directora del Instituto de Educación Integral Simón Bolívar, Prof. Ana T. CastilloSeñores Profesores de esta apreciada institución araureñaSeñores Padres y representantes aquí presentesInvitados especialesJóvenes Graduandos
Alumnos y amigos todos
Recibo con humilde honor la invitación que me ha hecho esta emprendedora institución "Simón Bolívar", en la persona de su directora la Prof. Ana T. Castillo, en este día tan especial para padres, profesores y alumnos, cuando un destacado grupo de alumnos que han culminado una importante etapa como estudiantes, hoy se convierten en Bachilleres en Ciencias de la X Promoción de esta araureña casa de estudios.
De alguna forma, cada uno de nosotros ha venido aquí a estimular con nuestra presencia el sacrificio que estos jóvenes han puesto a sus estudios para poder alcanzar esta meta. ¡Cuantas mañanas, venidos desde sus casas! ¡Cuantos sueños y cuantos sacrificios!: el sueño de ustedes apreciados estudiantes; y el sacrificio de cada uno de sus padres y representantes para verlos llegar hasta aquí, esos seres tan especiales que hacen milagros para que un hijo estudie, tenga en la mano un cuaderno, venga con algo de alimento al aula de clase y no le falte lo más mínimo a estos muchachos que hoy se convierten en bachilleres.
Lleva esta promoción, por petición expresa del Ministerio de Educación, el nombre de Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Y me ha pedido la dirección de este instituto que les refiera una semblanza de este ejemplar venezolano, cuyo nombre hoy sirve de modelo a todas las promociones que por esta fecha egresan en toda la República.
Pues nada distinto a lo que han hecho todos ustedes, es decir dedicarse al sacrificio, fue lo que en vida hizo Monseñor Jáuregui Moreno. Por ello es plausible que vuestra promoción lleve el honroso título de Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno; sobre todo cuando en los últimos años venezolanos, los nombres de las promociones no han sido sino el de aquellos que podían colaborar más para una fiesta de graduación, o para aquellos políticos que sin otro mérito que el de ocupar cargos públicos, se han convertido en mentores sin ejemplo de nuestras promociones de bachilleres.
¡Qué bueno que vuestra promoción lleve el honroso nombre de Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno!. Sobre todo porque llevarán ustedes, apreciados estudiantes, el nombre de un ejemplar ciudadano que será siempre guía para los ciudadanos de Venezuela. Por ello los invito para que recorramos con mis palabras algunos aspectos de su vida.
Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno nació en el pueblo de Niquitao, estado Trujillo el 28 de septiembre de 1848. Niquitao es capital de la Parroquia que hoy lleva el nombre de este sacerdote en el Municipio Boconó de aquella entidad. Es un pueblito pequeño como un pesebre, hasta donde se llega desde Boconó subiendo una montaña de fresco semblante y donde la sabiduría parece residir en la sencillez de sus cultivadores. Por allí los hombres visten con paltós para el frío, o abrigos para calentar el alma. Muchas veces ustedes habrán visto en la televisión, o viajando por estos hermosos paisajes a esos andinitos a quienes se le cuartean las mejillas por la amelcochada humedad de nuestros andes.
Pues bien, en este paisaje andino vivió Monseñor Jáuregui su infancia, junto a sus hermanos José de Jesús, José Mateo y Ramón. En Niquitao vivía con sus padres José Mateo Jáuregui y Carmela de la Natividad Moreno. Niño aún, la familia se traslada hasta Mucuchíes en Mérida y allí cursa sus primeros estudios.
La montaña lo acerca a Dios; y es fácil entender, por la mística cultura que todavía hoy se respira en los andes, que unida estas cualidades a la manifiesta vida religiosa de una familia venezolana de finales del siglo XIX, que el joven Jáuregui descubriera antes de su adolescencia vocación para la vida sacerdotal. Así que habiendo sido monaguillo de la iglesia de Mucuchíes, a los 16 años, es decir en 1864, inicia estudios en el Seminario Interdiocesano de Mérida para recibir el 19 de noviembre de 1871, en la Catedral de aquella ciudad, el Presbiterado de manos de Mons. Juan Hilario Bosset, Obispo de Mérida, quien había sido su profesor de doctrina filosófica y teológica. Pocos años después, recibiría el título de Doctor en Derecho Canónico.
Como religioso, Mons. Jáuregui era además un hombre dado a la lectura y al saber. Sobre este aspecto, la Cronista de Boconó, doña Lourdes Dubuc de Isea ha escrito este pasado año 1998, con motivo de su sesquicentenario: “Preocupado por acrecentar su aprendizaje, se dedicó, desde muy joven, a adquirir conocimientos en variadas temáticas del saber humano. Su biblioteca se consideraba completa en materias como: Ciencias físicas, matemáticas y naturales, filosofía, teología, sociología, literatura, historia, derecho, idiomas, cosmogonía, anatomía general: todavía pueden apreciarse textos que le pertenecieron tales como enciclopedias, diccionarios, clásicos antiguos y modernos, filosofía, teología, geografía”.
Bueno es que sepan ustedes, apreciados graduandos y alumnos todos, que además de su vida sacerdotal, Monseñor Jáuregui se interesó igualmente por las ciencias y las artes. Sus viajes por América o Europa le permitieron estudiar la cultura occidental en sus fuentes primarias. Se compenetró con los autores clásicos; y como dice la cronista Isea “aprendió de ellos el buen estilo, la correcta escritura y la oratoria”.
Después de su ordenación sacerdotal, fue designado en 1871 Cura Interino de la Parroquia de San Juan Bautista de Milla; y después confirmado como cura titular en 1872. Por allí se le vio siempre trabajando por los más necesitados. En 1873 fue trasladado a la Parroquia de Santa Lucía de Mucuchíes, donde permaneció por diez años. Esta Parroquia le permitió llevar su mensaje a los pueblos de Torondoy, San José de Pocó y la aldea de San Cristóbal de Torondoy. Cuando vayan a los andes y visiten estos pueblos, sepan que Mons. Jáuregui contribuyó con la construcción de las Iglesias de Mucuchíes, del pueblito de San Cristóbal de Torondoy y dejó iniciados los templos de Palmira y Torondoy.
Entre 1876 y 1877, atendió por pocos meses la Parroquia de Valera; y el 6 de agosto de 1883 llegó a La Grita como párroco, emprendiendo una excelente labor a toda su feligresía. En este pueblo, en 1890, inició la construcción de una nueva Iglesia Matriz. Igualmente, en La Grita inicio en 1893 la construcción de la Capilla de la Laguna de García, inaugurada en 1898. Bendijo los nuevos cementerios de La Grita en 1893 y en 1894 bendijo el de Omuquena.
La Grita hoy le recuerda como uno de sus más valiosos preceptores; sobre todo porque Mons. Jáuregui demostró un especial interés por los sectores sociales más desasistidos. Jáuregui pensaba que los pobres merecían mejores condiciones en su calidad de vida. Por ello fundó el Hospital de La Grita y la Congregación de las Siervas de la Sagrada Familia, a quienes encargó el Asilo de Huérfanas, y otras organizaciones de carácter social en poblaciones como Táriba y San Cristóbal.
Mucha falta hizo en La Grita Monseñor Jáuregui, cuando el 19 de enero de 1898, fuera trasladado a la Parroquia de San Cristóbal. Al llegar, todavía se ven los escombros de la Iglesia Matriz destruida por un terremoto ocurrido en 1875, de tal manera que inicia la construcción de un nuevo templo para sus fieles. Igualmente en San Cristóbal se preocupa por acrecentar y fortalecer las vocaciones sacerdotales, desde su Colegio Seminario en La Grita. Era un hombre ligado a la educación. Por este motivo, en 1881 presidió la Junta de Instrucción local a raíz del Decreto de Instrucción Obligatoria emitido por el Presidente Antonio Guzmán Blanco.
La labor en el campo de la comunicación social también fue destacada; y el periodismo venezolano tiene a Mons. Jáuregui como uno de sus más destacados cultivadores. Se sabe que en 1892, en La Grita fundó el periódico “El Misionero”, órgano de difusión del Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Fue columnista en publicaciones que se editaban en los estados Zulia, Mérida y Táchira así como en Caracas, capital de la República; y en 1897, con profundos editoriales publica permanentemente sus escritos en el diario católico “La Religión”, considerado actualmente el decano del periodismo venezolano.
En La Grita, monseñor inició la publicación de la Revista “Iris”, adscrita al Colegio Sagrado Corazón; y en la imprenta de aquel colegio se editaron varios de sus trabajos, entre otros uno de Geometría Elemental (1892) y el poema “El Misionero” publicado en 1894.
Por iniciativa de las autoridades regionales del Gobierno de Guzmán Blanco, se le encomendó la redacción de los Apuntes Estadísticos del desaparecido “Estado Guzmán” (hoy Estado Mérida), aportando datos esenciales sobre geografía, recursos minerales, flora y fauna de aquella entidad. Según Emilio Menotti Spósito, estos Apuntes Estadísticos muestran a Mons. Jáuregui como “el primero en recoger de labios de ancianos montañeses... los restos del idioma nativo”. Esta labor como investigador lo proyecta sin duda como un antropólogo de vocación. Se sabe por ejemplo, que en numerosas ocasiones envió a la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas, fundada por el sabio Adolfo Ernst, muestras de fósiles, rocas y otros minerales para ser estudiados por centros de estudios especializados, nacionales e internacionales. En 1877, el sabio Ernst lo distinguió como socio correspondiente de la Sociedad de Ciencias, por el pueblo Mucuchíes, experiencia científica que le valió para que fuera del país, en 1903, la Academia Eucarística de Paray le Monial en Francia, lo nombrase su Vice-Presidente.
Interesante es para la historia de la antropología venezolana, que entre los primeros estudiosos del pasado indígena nacional destaca el nombre de Mons. Jáuregui. Se preocupó por enviar a Caracas para su estudio, figurillas aborígenes hechas de barro, que fueron catalogadas por especialistas, produciendo ensayos que publicó luego en órganos de prensa, o dejándonos documentos escritos. Así mismo, fue Monseñor Jáuregui “el primer naturalista venezolano que investigó los yacimientos minerales del occidente de la República”.
En tiempos cuando tantas guerras intestinas habían impreso un doloroso atraso a la nación, Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno, destaca además como un venezolano que se interesó por el destino político de Venezuela. Ello quedó evidenciado en sus actuaciones como ciudadano preocupado por la situación del país. Deben saber ustedes que en 1876, integró la Asamblea Legislativa del Estado Guzmán (hoy Mérida) como diputado del Distrito Rangel; y fue Diputado al Congreso Nacional Constituyente de 1877, representando al actual Estado Mérida. Ha recogido la cronista de Boconó, Lourdes Dubuc de Isea, que las actas de aquel congreso constituyente registran su “entereza al defender puntos de vista opuestos a la venalidad política” nacional.
Como religioso, actuando accidentalmente en la vida política formó parte de varias Comisiones regionales y nacionales. Fue Presidente de la Comisión de Límites entre Guayana y Venezuela, misión en la que defendió la integridad nacional frente a lo que se consideró un atentado y una “usurpación por parte de los ingleses”. Esta pasantía política le permitió igualmente actuar en beneficio de la comunidad, destacando la apertura de un camino carretero que unía a Mucuchíes con el pueblo de Bobures, en la costa del Lago de Maracaibo, lo que facilitó el transporte y comercialización de la producción local en aquella zona del occidente venezolano.
Deben saber jóvenes estudiantes, los grandes sacrificios que tuvieron que pasar muchas poblaciones para alcanzar el progreso. Nuestros pueblos eran pueblos pobres y enfermizos. La mayoría de las casas eran de palma, llenas de chipos para el mal de chagas. No había la cantidad de escuelas que hoy existen. Las comunicaciones eran difíciles entre pueblo y pueblo; y en el mejor de los casos, los productores sembraban para llevar en mula sus productos a las vecindades más numerosas, para regresar a veces con el único consuelo de tener que cambiar lo que se llevaba por lo que no se tenía.
La Venezuela de hace cien años estaba sumida en un sentimiento de descontento que le había dejado la guerra. El Gobierno Nacional en manos de los conservadores mostraba sus síntomas de decadencia moral, social y económica, de tal manera que mientras Mons. Jáuregui como sacerdote trataba de llevar esperanza con sus obras y su mensaje a los más pobres, otros venezolanos, por el camino de las armas, como el Gral. Cipriano Castro, impulsaron nuevos cambios. Así surgió lo que hoy conocemos en la historia como la Revolución Restauradora iniciada hace un siglo en 1899.
Era natural que la pasión social de Monseñor Jáuregui lo involucrase pronto en medio de todos aquellos sucesos políticos. Para evitar el derramamiento de sangre, en 1899 consideró oportuna su actuación como mediador entre el General Cipriano Castro y el Gobierno Nacional, representado en el territorio tachirense por fuerzas armadas al mando del General Antonio Fernández. Luego de una entrevista con Castro quien le propuso gestionar un armisticio ante al Gobierno Nacional, Monseñor Jáuregui le escribió una carta fechada el 23 de julio de 1899, en la cual, ante la evidente superioridad numérica de su contrincante y la eventualidad de un inútil sacrificio de vidas, le sugería una capitulación. Castro rechazó tal propuesta, le llamó traidor y consideró inadmisibles las razones expuestas por Jáuregui.
Al arribar Cipriano Castro al poder, decidió Monseñor Jáuregui dejar su Parroquia de La Grita y marcharse a Roma para asistir al Jubileo del Año Santo, pero cuando está en Maracaibo listo para partir, la ciudad es sitiada por un brote de viruelas que le hace retrasar el viaje. Así que permaneció algún tiempo auxiliando al Obispo del Zulia, Mons. Marvaez, quien el 4 de julio de 1899 escribió a Castro solicitándolo para Deán de la Catedral. Sin embargo, avatares del destino llevaron a que el 13 de julio siguiente se descubriese un complot en Maracaibo para derrocar al Presidente Castro, hecho en que fue involucrado Monseñor Jáuregui como uno de los conjurados. Así entonces el Presidente Castro ordena su detención en el Castillo de San Carlos a donde fue llevado el 14 de julio de aquel año.
De todo el país llovieron peticiones al General Castro solicitando la libertad del eximio sacerdote. Los obispos del Zulia, Mérida y Guayana, le piden como su obispo auxiliar, pero nada es posible. Igualmente, numerosos ciudadanos y amigos de Jáuregui escribieron misivas al caudillo apelando por su libertad. Lo único que se logró fue que Castro accediese a conmutar la cárcel por el exilio. Así que salió Jáuregui del Castillo de San Carlos el 10 de agosto y el 17 del mismo mes partió para el extranjero. Pasa por Curazao, permanece en Nueva York hasta los primeros días de diciembre de 1899 y el 19 de aquel mes llega a Roma.
¿Adónde va el Padrino de vuestra Promoción?.
Estando en Roma cuando muere el siglo, por este año hace 100 años, en 1899 una peregrinación de Obispos y Sacerdotes mexicanos le nombran predicador de una visita que harán a Tierra Santa, es decir los lugares donde predicó Jesús. Esta peregrinación sale el 4 de enero de 1901 y seis días después llega al Puerto de Jaffa, lo que le permitió visitar Jerusalén y otros lugares santos. Al regresar a Roma, el Papa León XIII nombró a Mons. Jáuregui “Protonotario Apostólico ad instar participantium”. Se traslada a París donde junto al Abate Prevost fundó la Fraternidad Sacerdotal, una sociedad dedicada a asistir a sacerdotes descarriados. Pero lamentablemente, problemas originados entre el Gobierno francés y la Iglesia católica, obligaron que Mons. Jáuregui viajara desde Francia hasta México, donde fue nombrado Vicario y Provisor General de la Diócesis de Mixtecas, la cual abarca el Distrito de Huajuápan de León, perteneciente al Estado de Oaxaca. Este Obispado había sido erigido el 25 de abril de 1902 por el Papa León XIII, de tal manera que Monseñor Jáuregui fue uno de sus primeros Vicarios.
Hace poco más de un mes, en Mérida, en la XXVII Convención Nacional de Cronistas Oficiales de Ciudades de Venezuela realizada entre el 2 y el 5 de junio de este año 99, Mons. Baltazar Porras, cronista y Obispo de Mérida, y actual Presidente de la Conferencia Episcopal, quien se ha dedicado a investigar el pasado de nuestros obispos venezolanos, nos contaba que en un viaje que él realizara a México, lo primero que hizo al llegar fue llamar al Obispo de Oaxaca para hurgar en algunos aspectos de la vida de Jáuregui, pensándole acaso que por allí que monseñor era ya un ilustre desconocido. Pues su sorpresa fue satisfecha cuando el obispo de aquel lugar le refirió: “¡Ah como no! Ese fue un dinámico sacerdote venezolano, que estuvo por aquí e influyó en muchas buenas obras”. Esto dice por si solo, apreciados estudiantes y amigos todos, el infatigable empeño que puso Jáuregui a la hora de emprender nobles causas, en cualquiera de los lugares a donde llegaba.
En Oaxaca estuvo dos años, hasta que en 1904 regresó a Roma cargado de años. En 1903, fue elegido Vice Presidente de la Academia Eucarística de Paray le Monial (Saone et Loire, Francia). Así mismo, el llegar a la capital pontificia, ingresa como religioso al Convento de los Carmelitas Descalzos en el Monasterio de El Monte Carmelo, ese santuario italiano que difunde al mundo la devoción a la Virgen del Carmen. Estando en Roma, cuando ya tiene 57 años, se ve aquejado de ciertos percances de salud. Comienza a padecer de cálculos urinarios y decide someterse a una intervención quirúrgica. Lamentablemente, cuando se le practicaba la operación, Mons. Jesús Manuel Jáuregui fallece lejos de sus andes trujillanos y merideños el 6 de mayo de 1905.
Cuando Castro ya no está en el poder, en 1910, bajo el gobierno del General Juan Vicente Gómez, los restos de Monseñor Jáuregui fueron traídos a Venezuela. En vida había deseado que se le sepultase en el merideño pueblo de Mucuchíes donde trabajó sus primeros años de sacerdocio. Así pues, en cumplimiento de sus últimos deseos, sus restos fueron inhumados en el templo de Santa Lucía, de Mucuchíes que él mismo ayudó a construir.
Son numerosos los méritos de Mons. Jáuregui; y ustedes, apreciados estudiantes, deben estar orgullosos de que vuestra Promoción de Bachilleres lleve su nombre. Fue Doctor en Derecho Canónico, concedido por la Sagrada Congregación de Estudios; Canónigo Honorario de la Catedral de Loreto; Pastor de la Arcadia Romana, Miembro de la Academia de Minas de París. En 1891 recibió del Gobierno Nacional la Medalla Busto del Libertador en su Tercera Clase; el mismo año, la Medalla de Instrucción Pública, lo que hoy sería el Ministerio de Educación; y en 1898 fue declarado por Acuerdo del Concejo Municipal de La Grita, “Hijo Benemérito de La Grita”.
Monseñor Jáuregui fue políglota y un estudioso de las lenguas vivas. Hablaba inglés, francés, italiano, portugués y alemán. Y de las llamadas lenguas muertas hablaba y escribía griego y latín. Prologó los trabajos de Lección de Gramática Latina del Maestro Manuel María Candales (obra publicada en 1913) y prologó la primera parte de una Historia de Venezuela escrita por José Abel Montilla. Igualmente, redactó varios trabajos científicos como la Geometría Elemental y un Tratado de Filosofía.
¿Por qué Mons. Jáuregui ha sido designado según Decreto del Ministerio de Educación, Padrino de todas las Promociones de Bachilleres en Venezuela?. Sencillamente, porque además de su labor sacerdotal, este hombre de la iglesia venezolana se dedicó en su tiempo y en su época a formar juventudes como una manera de que muchos hombres y mujeres pudieran cambiar sus vidas.
Mons. Jáuregui fue un hombre ligado a la educación. En La Grita fundó el 1º de enero de 1884 el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”, que pronto se convirtió en uno de los principales centros educativos del país. Comenzó como un Colegio privado; y en 1884, Mons. Lovera, Obispo de Mérida, lo elevó a la categoría de Seminario, reconocido luego como Colegio Superior de Segunda Categoría. Allí se cursaban entre otras materias, Gramática, Castellana, Filosofía, Retórica y Poética, Matemáticas, Ciencias Naturales, Latín, Griego e Historia.
Como educador, es importante destacar que en viaje realizado a Italia en 1885, junto a de Mons. Lovera, recibió Jáuregui consejos para el magisterio del propio Papa León XIII, quien avaló su trabajo educativo llevado en Venezuela, como un religioso dedicado a la enseñanza de la juventud. En ese mismo viaje a Italia, en Turín, recibió del famoso Don Juan Bosco y su orden de los Salesianos, orientaciones para sus colegios de Mérida y Trujillo. Don Bosco, el gran impulsador mundial de la devoción a la Virgen María Auxiliadora, por cierto Patrona de los Caficultores de Araure, cumplía en Turín una provechosa labor educativa que sirvió de orientación a Mons. Jáuregui para sus meritorias experiencias pedagógicas.
Tan valioso y respetado era Mons. Jáuregui como propulsor de la educación que en 1872, cuando el Presidente Antonio Guzmán Blanco emitió un Decreto clausurando los Seminarios Católicos, Monseñor Jáuregui se las ingenió para que su Colegio funcionara igualmente como Seminario, de tal manera que así pudieron formarse en sus aulas 54 seminaristas que luego fueron ordenados sacerdotes. La iglesia de principios de este siglo debe mucho a Jáuregui, puesto que de sus aulas egresaron relevantes figuras del catolicismo venezolano, quienes diseminados por toda la nación cumplieron una destacada labor en pro de la República. Escritores, intelectuales, abogados, políticos y sacerdotes, fueron el fruto de este importante Colegio de La Grita. Sobre este aspecto, uno de sus biógrafos ha escrito sobre Mons. Jáuregui: “Grandes títulos y grandes honores se le tributaron, pero el que más estimó y el que más lo enaltece y distingue es el de Maestro”.
A Mons. Jesús Manuel Jáuregui se le llamó el “don Bosco de los Andes”. Por ello en 1948, con motivo de su Centenario, Venezuela celebró con honor su nacimiento. Esta honra se ha repetido en 1998 con motivo del Sesquicentenario de su Natalicio, es decir los 150 años de haber visto por primera vez la luz en el pequeño pueblito de Niquitao. Gracias a esta celebración, el 28 de septiembre de 1998, la Gobernación del Estado Trujillo adquirió su Casa Natal para edificar el “Museo Casa Jáuregui” que servirá para reivindicar su memoria como hombre público, como sacerdote y como educador.
El pasado año 98, el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús” fundado por él fue decretado Patrimonio Nacional; y en Mucuchíes se construye un Mausoleo para resguardar sus restos mortales. Y es natural que todos estos homenajes, nos han vuelto volver nuestra mirada a su vida y a su obra, lo que ha originado que actualmente se editen varias publicaciones para honrar su memoria; y por igual, se restauren las plazas y plazoletas que llevan su nombre.
Todos estos homenajes, alcanzaron extraordinaria relevancia el 21 de octubre del pasado 1998, cuando fue develada en el Panteón Nacional una placa para rendirle los merecidos honores que la Patria dispensa a sus hijos más ilustres. Así se dio cumplimiento a lo ordenado por mandato de la Gaceta Oficial de los Estados Unidos de Venezuela de fecha 10 de julio de 1943.
Son ustedes muy dichosos, Graduandos de la X Promoción de Bachilleres de Instituto de Educación Integral “Simón Bolívar” de Araure. Llevan ustedes como guía el nombre de un gran venezolano, de un extraordinario sacerdote y de un verdadero preocupado por la educación.
Cuando crezcan como personas y como estudiantes, se van a sentir orgullosos de que el paso del bachillerato a la Universidad, marcado en Araure, va bendecido por la guía noble que encierra el sabio nombre de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Es una buena guía que les indica un camino; y me siento agradecido y orgulloso por haberles recordado algunos aspectos de las tantas obras que este trujillano hizo por el bien de todos los venezolanos, en una época donde existía, por encima de todo: el sacrificio. Sobre este insigne mérito, el historiador Lucas Guillermo Castillo Lara en su libro “La Grita, una ciudad que grita su silencio: Historia del Espíritu Santo de La Grita”, escribió estas palabras sobre vuestro homenajeado: “Era un sacerdote lleno de virtudes cristianas, que cumplía con celo su misión apostólica. Pero la entendía como un servicio al hombre en su totalidad. En su alma y cuerpo, en sus necesidades espirituales y materiales. Y entre ellas colocaba, como necesidad fundamental, la educación de la juventud. A ésto dedicaba sus más caros desvelos e inquietudes. Tenía un marcado sentido de lo social, que lo acicateaba y urgía a entregar a los hombres, sus hermanos, la palabra y el pan unidos en un mismo amor de vida” (Tomo I, 2ª. Edición, Congreso de la República; Caracas: 1981, p. 257).
Por todos éstos méritos, lleven siempre en alto el nombre de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, como un signo de entrega y sacrificio, de valentía ante las adversidades, ante las que ustedes se habrán de enfrentar, como un venezolano emprendedor de nuevas ideas; y además como el ejemplo de una vida que supo estar al lado de los que menos tienen.
En su nombre, no defrauden el esfuerzo que han hecho sus padres. No defrauden las horas que en ustedes invirtieron sus maestros. No defrauden a Araure ahora que comienzan una nueva etapa en sus vidas. Termino deseándoles el mejor de los éxitos en el camino universitario que hoy comienzan, con unas palabras escritas en 1898, hace cien años, por el propio Mons. Jesús Manuel Jáuregui en la obra “El Amor Divino”: “Ay, cómo duerme el ingenio en nuestro suelo bajo el peso de la indolencia esperando la mano del progreso que lo levante y le ayude a tender su vuelo por las regiones de la inmortalidad”. Jáuregui sufrió en vida la impotencia de ver un país pobre y desasistido. Por eso se dedicó a la educación, como única forma de que se engrandezcan los pueblos. Lo hizo en tiempos difíciles, cuando había menos posibilidades para el estudio... Afortunadamente, ustedes tienen la suerte de vivir en otro país. Por ello, hagan grande este pensamiento de Mons. Jáuregui: “Un pueblo ilustrado sabrá siempre ser libre y digno”.
Sigan estudiando y que Dios les acompañe.
Buenos Días |