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Bajo el militar gobierno de Pérez Jiménez, la prensa caraqueña de los años cincuenta recogía de la pluma del desaparecido poeta Carlos Gauna un elogio hacia la gestión que entonces desarrollaba en Araure como Presidente Municipal el hoy también desaparecido don Pedro Alcides Barrios.
Araure soñaba entonces extender sus brazos de desarrollo con la juventud de futuro que le imprimía ese gran araureño que fue Pedro Alcides. Y admiraba Gauna, por escrito y ante el país, que la gestión de aquel coterráneo estaba avalada por la “experiencia ductora” de ese otro gran viejo roble que fue don Julián Colmenares. Para los jóvenes que desconozcan quién fue éste último, necesario es recordar que don Julián se había convertido en el más furibundo propagador de una autentica araureñidad. Defendía a muerte los ejidos de Araure cuando estos no eran motivo para el negocio, dilucidaba la territorialidad con respecto a Acarigua, fomentaba la nueva industria y buscaba promover las mejores decisiones para el desarrollo de lo que fuimos. El Araure de los cincuenta está impregnado un poco de esa especie de sueño de avanzada por construir, adelantado especialmente por aquellos viejos y jóvenes políticos que juntos formaron un solo esfuerzo. No fue tan malo el gobierno de Pérez Jiménez en Araure cuando se llevaba a los muchachos a la Plaza Bolívar los días de fiesta nacional en las “Semanas de la Patria” para que aprendieran cuánto había costado la Independencia y quienes eran sus mejores hombres. De esos años heredamos el inicio del Plan Arrocero, apoyado por la Corporación Venezolana de Guayana, con estudios serios para instalar grandes industrias procesadoras de un nuevo grano que hoy forma parte de nuestra actual economía. Si bajo el signo de la cachucha quienes hacían una política perturbadora contra el gobierno recibían su mano dura, el resto de la ciudadanía percibía por otro lado un innegable florecimiento a su alrededor. Los años cincuenta traen para Araure el orgulloso junto a Acarigua de ver construir la avenida “13 de Junio”, la primera arteria vial de la ciudad que pronto comenzó a mostrar lujosas quintas, como hoy muestra su gran descuido y deteriorado pavimento. En otro plano, se dotó a comunidades rurales de tanques de agua donde no los había, se proyectó una zona industrial para el progreso, se consolidó la Carretera Panamericana, se declaró a la Iglesia Nuestra Señora del Pilar como Monumento Nacional, y se amplió el perímetro urbano para permitir grandes desarrollos. Más allá de lo meramente militar, el araureño deseo de surgir tocó a los años 60 con unas envidiables ganas de avanzar, sobre todo en manos de hombres que igual entendieron su verdadero papel histórico como constructores de un mejor destino para sus gobernados. Eso explica que en democráticos tiempos, el mismo Pedro Alcides Barrios haya propiciado la creación de una Zona Protectora para la salvación de la Quebrada de Araure, construido casi personalmente montado en una máquina la Urbanización Villa Araure Uno; y junto a otros presidentes locales de partidos menos corrompidos, por igual, se haya proyectado nuevas comunidades con sus principales servicios como la urbanización El Pilar, 5 de diciembre, Banco Obrero Ocevi, Pedro Rodas y otros espacios urbanos. ¿Qué pasó con los principios que enarbolaron aquellos hombres?. ¿A dónde se fueron tantos sueños emprendidos?. ¿Cuánto hemos avanzado en los últimos años como para que nos sintamos orgullosos?. ¿Qué ha sido Araure para los hombres que en las últimas décadas han ejercido funciones de gobierno?. ¿Qué hemos hecho nosotros para emular aquel viejo éxito?. Si uno mira a nuestro actual Araure, no ve sino un despojo de lo que vamos dejando de ser. Hay signos visibles y preocupantes: El que hasta hace poco era el cine más lujoso de la ciudad cerró sus puertas en pleno corazón del viejo casco urbano, las casas mas antiguas lucen abandonadas a los ojos de los visitantes, la Quebrada grande y la quebrada pequeña, venidas a menos, no son sino caricaturas del esplendor que otrora significaron. Por las noches, el casco antiguo de la ciudad y a veces incluso su plaza permanece a oscuras, esparciendo la sensación de que somos una especie de pueblo fantasma donde, después de las diez, parece que la gente se fue a vivir a otra parte. No es lo mismo Araure de noche que de día. Contraria a la visión de los cincuenta y los sesenta, ahora las comunidades de Araure crecen sin rumbo ni concierto. ¿Hace cuánto que no se planifican comunidades organizadas y decentes, y no las desfiguraciones urbanas que, como Funda Barrios, humillan la condición humana?. ¿No hay acaso suficientes espacios urbanos como para proyectar bajo modelos confortables urbanizaciones decentes para un pueblo que se ha vuelto cada vez más joven?. Araure merece mucho más que sus terrenos dejen de ser motivo de escándalo. Gobernar por donde pasa la reina es solo una triste nimiedad. Yo no he querido pensar que lo que le ha pasado a Araure es que quienes han querido a nuestro pueblo se fueron a vivir a otra parte o ya no existen. Me parece más bien que hemos dejado, como en los cuentos infantiles, que solo se nos canten canciones; y hemos dejado solos a quienes solos quieren cantar. Araure ya no es tanto Araure. Se me antoja como una visión desvahida de un bonito cuadro que nos lo hemos dejado de poner feo. Y si el flautista encantador no viene a llevarse los ratones, será un nuevo tipo de araureño el que tenga que tocar otra música. Solo así valdría la pena el tan cacaraqueado orgullo de semejante historia. |