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Los diarios "Ultima Hora" y "El Regional" han sido generosos con una noticia que no debe, ni puede, pasar por debajo de la mesa para la historia de Portuguesa: al pie de la estatua del Gral. José Antonio Páez en Curpa, inmediatamente a un lado del museo en la semana del 10 al 15 de noviembre de 1997 fueron talados veinticinco árboles que no le hacían daño a nada ni a nadie, más que albergar fauna silvestre y dar sombra al histórico lugar donde nació el prócer.
La sorpresa es doble si volvemos a leer (como todos lo leímos) que la tala fue solicitada por un funcionario público, autorizada por otros funcionarios públicos y cortada en las propias narices de la Guardia Nacional (Comandos Rurales) encargada de velar por la guardería ambiental de nuestra nación. Uno no sabe ya si utilizar el término "funcionarios públicos" o "delincuentes públicos". Por eso estamos obligados a escribir algunas notas en torno a este delictuoso hecho. Curpa no es sino la "crónica de un ecocidio anunciado". El sábado 28 de mayo de 1997, clausurando en este lugar un ciclo de conferencias sobre la vida del prócer Juan Guillermo Iribarren, invitados por la Sra. Carmen Esperanza Iribarren, coordinadora de la red de bibliotecas públicas de Acarigua y Araure, fuimos informados personalmente por el Director del Museo, Nelson Tórres (funcionario adscrito a la Dirección de Cultura de Portuguesa) que la Gobernación del Estado iba a ejecutar una remodelación en Curpa. Para la ocasión se hacía acompañar por el Sr. Germán Ortíz, contratista de la obra, señalándonos el mencionado Tórres que iba a proceder a tumbar algunos árboles que al lado del museo le ocasionaban ciertos "daños". En presencia de la Sra. Iribarren junto a los aludidos, no observamos nada del daño referido en las instalaciones, razón por la cual advertimos al director las inconveniencias de talar dichos árboles y el atentado que ello representaba. Sus palabras fueron: "Así lo determinaron los técnicos del Ministerio del Ambiente". El martes 22 de julio de 1997, en el programa "Conversando en Globo" que se transmite por la emisora Radio Globo (que como colofón de coincidencias anunciadas conduce el periodista Carlos Ojeda, Cronista de la Ciudad de Acarigua) con los mismos detalles aquí descritos, denunciamos al propio Gobernador del Estado, Lic. Iván Colmenares, las malsanas intenciones que se respiraban por los lados de Curpa. Y mostrándose favorable a la conservación del ambiente, la grabación del programa reproduce las expresiones públicas del gobernador en torno a que no había autorizado se cortasen tales árboles, adicionando que giraría instrucciones al Arq. Luis Sosaya, Director de Obras Públicas Estadales, para los fines consiguientes. ¿Por qué entonces una guerra anunciada sí mató al soldado?. Intentar una repuesta sobre este asunto es caminar sobre el silencio y el terreno de las contradicciones que se han dejado escuchar por estos días en las declaraciones de quienes acusan su propia irresponsabilidad; a pesar de que quienes leemos periódico sabemos quién es cada quién en Portuguesa, cuáles son sus caras, cómo actúan, o bajo cuál ropaje se revisten las acciones de muchos de nuestros protagonistas con cargos públicos. De todas formas, si es que la ética todavía no se ha marchado de estos predios, deseamos expresar en voz alta algunas de las numerosas interrogantes que junto a la opinión pública muchos de nosotros nos hacemos. ¿Puede un funcionario subalterno como el Director del Museo Curpa solicitar sin autorización de sus superiores una gestión de tal magnitud?. ¿Fue autorizada por estos superiores?. ¿Puede otro funcionario subalterno similar del Ministerio del Ambiente autorizar una tala de árboles en un sitio de este tipo?. ¿Quién firma estos permisos?. ¿Son acaso éstas decisiones las funciones de un Director de Ornato de cualquier Alcaldía?. ¿Quién escribe estas funciones si es que existen y quién las aprueba?. ¿Cómo es que después de cortados los árboles, el hecho se convierte en "delito" para los Comandos Rurales de la Guardia Nacional y no antes, cuando alguien con una motosierra llega con unos permisos revisables o anulables si se lo hubiese evitado?. ¿Qué entiende el Comandante de los Rurales según sus palabras como "evitó la tala de árboles"?. ¿Qué significado puede tener para él, el verbo evitar?. ¿Por qué ahora sí se secuestra una madera y no antes de nuestra denuncia, cuando los árboles estuvieron tendidos en el suelo por más de dos días, sin doliente alguno, en espera de ser trasladados a un aserradero?. ¿Qué funcionario puede abrogarse la potestad de determinar o cuantificar en Portuguesa "daños" al patrimonio y bajo cuál legislación?. ¿Se percataron el Director de Cultura del Estado (superior del director del museo) y el Director del MARNR en nuestra entidad (superior del funcionario que autorizó o taló) antes de que esto sucediera, la magnitud del ecocidio que se iba a cometer?. ¿Ahora sí puede ser delito para el Ministerio del Ambiente el ecocidio de Curpa y no cuando se otorgaron los permisos?. ¿Quién cortó los árboles y por orden de quién?. ¿El Ministerio del Ambiente?. ¿El contratista de la obra?. ¿La Dirección de Obras Públicas?. ¿A cuál aserradero iban a ser llevados estos árboles?. ¿Quién se iba a beneficiar con el dinero que produjera esta madera comerciable?. ¿A qué autoridad en Portuguesa se le puede denunciar o reclamar este delito y pedir que realice un seguimiento por expediente para determinar los responsables y sancionarlos?. ¿Al Ministerio del Ambiente, quien en la práctica autorizó la tala?. ¿A la Dirección de Obras Públicas como responsable de la remodelación?. ¿A la Guardia Nacional, cuando una de sus dependencias permitió una tala que ahora sí considera delito?. ¿Por qué tanto silencio oficial por parte de "los responsables de los responsables"?. En una sola pregunta: ¿Quién va a responder finalmente por el ecocidio cometido en Curpa?. No creemos que vayan a existir responsables o culpables. No los habrá, creo estar seguro; porque, desconcertantemente, tenemos que concluir que en Portuguesa pareció haberse extraviado la moral, la autoridad, la ética y el sentido común. El problema es serio y no buscamos herir suceptibilidades, porque por lo menos en el caso de Curpa sabemos que previamente no las hubo. El ecocidio de Curpa sirve para evaluar la decadencia del Patrimonio Cultural de Portuguesa. En los últimos años, nuestros sitios históricos no han servido sino como pretextos para el negocio fácil. La venta de los terrenos del Monumento a la Batalla de Araure y la excavación de la Laguna de los Muertos, son el ejemplo más reciente de lo que decimos. Señor Gobernador: Es impostergable la necesidad de constituir un Consejo para la salvaguarda del Patrimonio Histórico y Cultural de Portuguesa, con ciudadanos comprobadamente honorables asesorados por técnicos éticos. Algo de esto adelantó alguna vez el gobernador Waldemar Cordero Vale, legislación que es necesario adecuar a la nueva Ley para la Conservación y Defensa del Patrimonio Cultural. Muchos de nuestros monumentos están en ruinas y sin una política seria de divulgación para los portugueseños y los estudiantes. Por eso es necesario que la preservación en Portuguesa se vea más como una prioridad del estado en mostrar a las generaciones presentes y futuras nuestro legado, y no como un vehículo para el simple otorgamiento de contratos de remodelaciones que obviamente, bien conducidas, sí hacen falta.
Quizás Páez necesita menos cemento, o que le tumben árboles en uno de los sitios que nos une a su pasado. Páez necesita que se publiquen sus obras para que su polémica vida se divulgue, se estudie y se conozca. Y como uno de los tantos motivos de que en Portuguesa se puede echar mano, este puede ser un buen comienzo.- Wilfredo Bolívar (Cronista de Araure) |